Cine-mundial (1946)

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Charles Boyer, que comparte con Ingrid Bergman los papeles estelares del fotodrama "Arco de Triunfo", de la Universal, basado en la discutida obra de Erich Marfa Remarque. 4 5 e Ba a “ * 13 oe A De S Nocca a “Arco de Triunfo” Por Bernardo Clariana Blues dieciseis años, el autor de este artículo tenía justamente... pues eso, dieciseis años justos, y en sus manos una novela famosa: “Sin Novedad en el Frente.” Creía por aquel entonces fervorosamente su lector, en la causa pacifista del libro y en el mensaje de su héroe, sintetizando explosivamente su entusiasmo por la novela en un adjetivo muy en boga entre la juventud europea del tiempo: “¡formidable!” “wonderbar!” Paul, el héroe juvenil e inocente de “Sin Novedad...” se convirtió en un símbolo. Recordad que muere cuando la noticia del armisticio está llegando al frente; una bala perdida... el único e inútil disparo de la mañana ancha y soleada sobre las estrechas trincheras... cuando él saca su cuerpo para cortar una florecilla. ¿Por qué le “mataria” Erich María Remarque? Este ha contado ahora, con motivo de la aparición de su última y rencorosa novela “Arco de Triunfo,” que al presentar el manuscrito de “Sin Novedad ...”, el editor le pidió que salvase Página 394 al héroe. El novelista objetó. Paul tenía que morir porque iba a ser un símbolo de inocencia propia y crueldad general; de inocencia del Hombre, de crueldad de la Humanidad. Tenía que suceder así porque unos veinte años después del último parte de guerra en el frente occidental, del lacónico “sin novedad en el frente,” el hombre iba a morir de nuevo a raudales. La novela de Remarque había disparado, sin embargo, tras la última bala del frente europeo, el mensaje revolucionario del pacifismo y su libro se metió de contrabando en la mochila de paz de toda una generación, la mía, a punto de ingresar en la Universidad. En nuestro bagaje de soldados ilusos del pacifismo, el “Fuego” de Barbusse empezó a arder con la retama amarga de “Sin Novedad ...”; de “Cuatro de Infantería” del alemán Pabst; de “Guerra” del belga Ludwig Renn, a quien conocimos en la de España y en el Campo 11 de refugiados de Saint Syprien; de “El Sargento Grischa” de Arnold Zweig, partícipe de apellido con Stefan quien, con su suicidio en el Brasil, escribió la mejor novela contra la segunda guerra mundial; de “Los que teníamos doce años” del también alemán Ernst Glaeser (tal vez la mejor) y hasta de “Todos los hombres son enemigos” del inglés Richard Aldington. Pero “Sin Novedad...” era la preferida. Su héroe, muerto tan innecesariamente cuando la guerra acaba, simbolizaba la desilusión juvenil en los valores políticos, sociales y diplomáticos vigentes, y nuestra gran ilusión en el futuro; la fé muerta y la ilusión viva por venir de la muerte. El afortunado género literario, mal llamado novela de guerra, nacía pues paradójicamente, como novela de paz. Las novelas de paz eran las novelas de guerra. Tan paradójica como esta literatura iba a ser la existencia de los revolucionarios pacifistas, los jóvenes de mi generación que ibamos a armar guerra por ansia de paz civil, “Armando Guerra” en réplica titular, paradoxal y unamuniana,—el Unamuno de “Paz en la Guerra”—a la tolstoyana de “La Guerra y la Paz.” Han pasado dieciseis años. El autor de este artículo no sería capaz de releer “Sin Novedad ...” Le ha costado gran trabajo llegarse a una biblioteca pública y verificar ciertos datos. Otra obra de Erich María Remarque ha vuelto a caer en sus manos: “Arco de Triunfo,” que hoy, como ayer, va a llevar al cine el mismo director de la Universal. ¿Cómo leer, pues, ahora este libro ácido del autor de “Sin Novedad...” sin un gesto de amarga contracción en la boca? Es una novela vitriólica. La hemos leído no simplemente como lectores, sino como personajes del propio libro, porque hemos sido figuras fantasmales de sus páginas, o lo que es lo mismo, seres deambulatorios y perseguidos en la resaca de la diáspora europea, “traqués” por los hoteluchos cochambrosos del barrio de la Gare Saint Lazare en París. El “Hotel International” donde mora el cinico Ravic, personaje central de “Arco de Triunfo,” héroe o antihéroe, pudo ser el miserable “Hotel Normandie” donde viviamos o desviviamos, atiborrados y en espera obsesionante de visados, de “‘recepissés,” de pasaje y de ayudas, un puñado de refugiados, hablando siempre de barcos, viajes y de mapas, y no por afán viajero sino por instinto elementalísimo de conservación, por reflejo primario de animal acorralado, hecho a la frase “Ouvrez la porte!, c'est la police !”, o a esta otra: “monsieur, vos papiers...” Eramos, ya lo dije antes, la resaca. El personaje central de “Arco de Triunfo” es justamente la resaca internacional del París inmediatamente anterior a la invasión. Todo romanticismo ha desaparecido. El drama colectivo ha anegado a la acción individual. Es difícil sacar personaje. Como en una riada se saca a flote cualquier cosa entre las aguas arcillosas: un cerdo ahogado, un baúl, una palangana. Ravic, un médico cirujano alemán fugitivo de los nazis, es lo que pesca el novelista Remarque de la riada europea. Ha sido Ravic, quien ejerce ahora ilegalmente su profesión en París después de haber luchado Cine-MUNDIAL