Cine-mundial (1946)

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ES e or dS Lo segundo es pretender que es uno em pleado de la casa. En menos de un minuto se descubre el pastel y se reciben dos o tres empujones elocuentisimos. la compañía cinematográfica. ¿Qué hacer? Ya es cuestión de honor personal no salir de Hollywood sin entrar en un estudio y ver filmar una película, Les va en ello su dignidad de cineastas. Deciden intentar la entrada por la puerta amplia, enrejada, del estudio, por donde entran las estrellas, los albañiles, los extras, los directores y los perros que trabajan en las películas. Allí no es un guardia, son dos los que detienen el intento de Ramírez y Dominguez. ¿Tienen pase? Explican que en las oficinas no han querido dárselo. Vuelven a explicar, como garantía de su integridad, que van al cine dos veces por semana, que han visto a razón de unas ciento veinte películas norteamericanas por año, que han perdido en parte la vista, que... Uno de los guardias les da un empujón. Si no se van en seguida, los meterán en chirona. Los tres, Dominguez, Ramirez y la señora, se alejan con esa tristeza que acompaña a Charlie Chaplin en el último tramo de sus películas. Para mo perder del todo el tiempo, en el boulevard Hollywood entran en una tienda de postales y compran unas vistas de los estudios. Por fortuna, distraidos con las postales, atraviesan la calle con el semáforo del tránsito en rojo, viene un automóvil raudo, los atropella y ya no tienen que volver al lugar de donde vinieron, quedando, con el sacrificio de sus vidas, a salvo su honor. Sí, amigos. Fuera de las cárceles de los Estados Unidos, yo no he visto en parte alguna más guardias armados que en los estudios cinematográficos. De ahí que estrellas y personal de los estudios dan a i impresión de encarcelados. Yo he pėnetrado en los estudios, por supuesto, pero no como cineasta. Así no hubiera entrado jamás. Ser aficionado al cine Agosto, 1946 Resistirse o buscar otra treta es ponerse directamente en manos de la gente de uniforme y de mal humor. Surge un empellón con prólogo y hasta con epilogo—de improperios y puntapiés. en Hollywood es delito suficiente para que lo arrojen a uno de todos los estudios. Tuve que presentar carnets periodísticos, cartas de recomendación, credenciales, en fin que se me exigieron más requisitos que si deseara ver a un recluso del penal de Alcatraz. Cada estudio cinematográfico de Hollywood es una fortaleza. Tiene un centenar o dos de policías armados, dispuestos a defender... Francamente no sé que es lo que van a defender, pero alguna misión defensiva tendrán que desempeñar. —« Tienen ustedes tanques y bombarderos?—le pregunté a uno de los guardianes de uno de los estudios. —No, pero tenemos gases lacrimógenos. —, Para hacer llorar a las estrellas en las escenas sentimentales ? —j Qué disparate! Para los grupos que quisieran entrar por la fuerza en el estudio. —i Para los cineastas? —Llámeles como quiera. Aqui no pasa nadie que no tenga derecho a pasar. Aqui no pasa nadie que no trabaje en los estudios 0 sea, como usted, un visitante oficial. —¿No cree usted que tienen cierto derecho a ser visitantes los asiduos concurrentes al cine? —Esos—contesto el guardia despreciativamente soltando un salivazo—esos menos que nadie. Esos son los verdaderamente peligrosos. Esos son nuestros enemigos. Atropellarían a las estrellas, se llevarían como recuerdo pedazos de escenarios, Dios sabe qué revolución armarían. Aquí tenemos que defendernos de los que van demasiado al cine. ¡Infelices! La verdad es que es bastante difícil entender a Hollywood. Uno ignora, en definitiva, quiénes son los cuerdos y quiénes están locos de remate. Lo mejor es renunciar a la visita y recuperar las fuerzas, pero no las intenciones— con un refresco. En donde venden refrescos entra cualquiera. Donde filman películas, la bienvenida es una palabra desconocida. Página 389